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EL OCASO DE LA PATERNIDAD
(Enero, 2004)


A nivel socio-jurídico post-separación conyugal, existe una concepción minimalista de la paternidad, una ausencia de padre, que desacredita su presencia en las familias rotas, las cuales son arbitrariamente llamadas familias monoparentales.

La ruptura conyugal no desvincula a los hijos, pero, esta aseveración que totaliza una evidencia, es profundamente deformada desde la práctica jurídica, en base a la instrumentalización del Derecho. De esta forma el padre vivencia su propia decadencia, situación que en ocasiones se produce paulatinamente y en otras de forma muy abrupta. En esta fase debe preguntarse ¿quién soy yo después de un quiebre conyugal y/o de pareja ? probablemente se responde a sí mismo: soy una aproximación monetaria.

En este sentido, la problemática que vivencia la paternidad no custodia para plasmar el ejercicio de sus funciones nutritivas y normativas post-separación conyugal, alude a la infravaloración que afecta fundamentalmente el padre tras la pérdida parcial y/o total de sus derechos, como consecuencia de las secuelas disociadoras, que proceden del actual marco jurídico que ampara a la tuición monoparental y asimismo, de las manipulaciones perversas orientadas a las falsas acusaciones de abuso sexual y de los diversos comportamientos alienadores del Síndrome de Alienación parental, que confluyen en verdaderas parentectomías, cuyo objetivo final es la obstrucción del vinculo afectivo paterno-filial.

Marginar a uno de los progenitores en la crianza y educación de los hijos, impidiéndoles la entrega cognitiva y afectiva, y excluyendolos como referentes socializadores y modelos conductuales, constituye un quiebre a la sociedad en consideración a la incidencia cuantitativa y el efecto cualitativo que ejerce esta problemática en el desarrollo posterior de sus miembros. Es asimismo, un quiebre a la dinámica interaccional de la familia post-separación conyugal y una herida que se infringe a los niños cuyos derechos se conculcan, cuando en los juicios por custodia y curiosamente ‘en interés y mejor bienestar del niño’ uno de los progenitores adquiere la custodia y el otro progenitor queda sujeto a un régimen de visitas y a la prestación de auxilio económico.

Pienso y siento, que ser padre es un suceso que configura al hombre como tal, pero la paternidad es un proceso de construcción permanente a lo largo de la vida y es imperativo como sociedad enriquecer este proceso desde su propia potencialidad como persona y como modelo generacional, lo que invoca la necesidad de proteger, valorar y fortalecer su rol en nuestros hijos, dado que cuando faltan ambos roles, la familia se desdibuja.

Si bien es cierto, la ausencia de padre es una pérdida para el hijo, el gran perdedor es el padre y es en la instancia de la disolución de la pareja, cuando el padre experiencia no sólo la finalización de un propósito de vida 'la familia', sino el el ocaso de su paternidad.

M. Guisella Steffen Cáceres
Licenciada en Familia y Magíster en Ciencias de la Educación,
con Mención en Orientación, Relaciones Humanas y Familia.