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INDICADORES QUE SINIESTRAN LA RELACIÓN PARENTO FILIAL
Hijos del Luto (Enero, 2006)

A pesar de tantas situaciones similares post-separación conyugal y/o vinculación afectiva, siento que cada una de ellas se envuelve con un manto tan único, aspecto que las torna especiales. Cada vez que percibo el solapado y en ocasiones descarado Síndrome de Alienación Parental, reflexiono sobre esta gran tragedia, que ataca el fondo de la mente y las emociones del niño. Esto me provoca una lástima infinita por la niñez y por su evolución futura, la adultez.

Esto también me motiva reflexiones respecto de la congoja que agobia a padres y madres, personas que una vez se amaron profundamente, que sintieron el embeleso y la alegría por la llegada de ese hijo deseado que dibujó la nobleza del amor, pero, que post vinculación erosionaron a través de comportamientos cercanos a la bajeza de los sentimientos.

Esta desvinculación como pareja, señala el espectro de padres y madres que se han enfrentado a lo inaudito, un hijo invisible para el alma dolida de un padre/madre visible.

Esta pérdida filial define desde varios ángulos, cómo la paternidad/maternidad va resintiendo el desgaste de su ejercicio afectivo-socializador, el detrimento de sus derechos y la denegación de la relación, derivado de la ausencia de su presencia activa y amorosa en la cotidianeidad de la nueva relación parento-filial que se establece post-separación de la pareja.

El luto que llevan en el alma, es sentido siempre, por uno de los padres, quienes paulatinamente en el curso de los matices y del ritmo alienador no sólo son excluidos del lazo emocional con el hijo, sino que se convierten en sujetos indignos, excluidos, acosados, renegados, abusados y secuestrados. Este proceso dinámico es ejecutado tanto por el alienador y su familia, como por la distancia impuesta, (generada en ocasiones por la sentencia judicial emanada por los tribunales de menores).

También se consignan grados alienadores ejecutados desde los hermanos mayores (adolescentes) quienes han sido largamente programados y por tanto, su propósito es unificar la dinámica intrafamiliar y manifestar ostentosamente la lealtad al progenitor a cargo. Para este efecto, provocan giros de hostilidad orientados al progenitor no custodio para compartir la negación y el desafuero del progenitor no custodio. Estos sentimientos inculcados desde la niñez, internalizan el daño, pero, lo vivencian como una realidad concreta, motivo que les impide distinguir entre la autenticidad y la afectación de los sentimientos.

Han dejado de ser niños, cuando eran niños. ¿Es posible un daño mayor?

Entre los indicadores severos que restringen el núcleo afectivo de padres e hijos, es posible reconocer algunos que son infinitamente perversos, por su grado penetrador, porque en corto tiempo va descendiendo desde el impedimento del contacto, a la obstrucción del vínculo para finalizar con la destrucción de la relación parento-filial. Estos indicadores están radicados en las visitas 'contacto directo y regular como se le denomina en Chile'.

1.- Alude a las visitas radicadas en los tribunales de menores, las que atentan contra el interés superior del niño y contra los derechos parentales, al exponerlos a ambos, en un contexto artificioso y reduccionista en tiempo y espacio, situación que imposibilita forjar un clima de encuentro y que más bien potencia el enturbamiento del afecto. Esta situación nos sitúa en presencia de una paternidad/maternidad indigna.

2.- Alude a las visitas realizadas en compañía de uno de los padres quienes no dejan entablar una relación coloquial intimista, acechando la relación como verdaderos guardianes. ¿Es posible una mirada, un abrazo, una caricia, una conversación en estas circunstancias? Me temo que no, porque el mismo niño se niega a las muestras de afecto para no enojar al progenitor custodio. Estamos en presencia del origen del programa alienador "probar el grado de lealtad" del hijo. Esta situación nos sitúa en presencia de una paternidad/maternidad excluida.

3.- Alude a las visitas forzadas que deben cumplirse por sentencia y solicitadas reiteradamente por los padres. Los niños llegan a la Comisaría de la Familia y/o a un lugar transicional, donde dan muestra de histeria, mudez, rabia, y maltratan de palabras al progenitor. Estamos en presencia de una paternidad/maternidad renegada porque los niños presentan un grado de alienación mediana y severa.

4.- Alude a la interferencia crónica en el contacto con el hijo, por medio de incumplimientos legales (enfermedad fabricada del niño, actividades extra programáticas, cumpleaños, etc) y cambios de residencia con lo que tenemos a un niño alienado de grado medio-severo, dado que supuestamente interpreta que el padre no desea verlo. Esta situación inicia el suceso del impedimento del contacto y nos sitúa de frente a una paternidad y/o maternidad acosada.

5.- Alude al contexto de ampliación de visitas solicitas por uno de los progenitores. De los casos registrados en consulta, todos los padres han sufrido posteriormente a esta petición, una demanda por abusos deshonestos y falsas acusaciones de abuso sexual. Si bien es cierto los vectores propulsores de la falsa denuncia de abuso y de cualquier tipo de práctica deshonesta, son producto del interjuego entre una serie de variables como la pérdida del poder, control, la rabia y la venganza, la carencia de estima, los celos, etc, percibo que cada día es más frecuente asociarla con el sistema de visitas, el cual opera como detonante de estas emociones, que se encubren como las fortalezas del amor y del cuidado.
Esta situación procesa la obstrucción del vínculo, dado que el niño tiene un grado severo de alienación, con lo cual el lazo-paterno filial se difumina totalmente. Esta situación nos sitúa frente a una paternidad /maternidad abusada.

6.- Alude al finiquito de las visitas cuando la realización de ellas es impensable e imposible, dado que los niños han sido abducidos físicamente, con los cual se sella el curso final de la relación parento-filial, porque se destruye el vínculo de por vida. Esta situación nos sitúa frente a una paternidad/maternidad secuestrada.

Lamentablemente, todo lo anteriormente expuesto es realidad, una realidad que proviene de un desorden mental y es desconocida en nuestro país. Porque si realmente existiera la intencionalidad de precisar el Síndrome de Alienación Parental, todos los jueces y abogados de familia (no sé si existen) darían la cara frente a la familia y frente a la sociedad toda.

En el ahora, cuando los Tribunales de la Familia están siendo colapsados por el multidestino de las causas de menores, deseo fervientemente que los especialistas en el tema seamos consultados en esta instancia, porque la familia, cualquiera sea el tipo de constelación y su subsecuente relación dinámica interaccional, merece ser resguardada y recreada por la legislación, sus instituciones y profesionales.

Los chilenos estaríamos agradecidos de poder seguir siendo padres/madres de nuestros propios hijos.

María Guisella Steffen Cáceres
Magíster en Ciencias de la Educación y Licenciada en Relaciones Humanas y Familia