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CARA A CARA CON MI AMIGA
(Marzo, 2005)

Amiga,

Tú sabes cuáles fueron las circunstancias que me impidieron estar a tu lado el tiempo que hubiese querido, pero, debo admitir que tampoco tuve el coraje en tus últimos días, para seguir la recta final de ese nefasto cáncer que se instaló en tu vida. Cáncer que no devoró tu espíritu, porque dijiste " esta enfermedad fue lo mejor que me pudo pasar en la vida".

Frente al dolor y a la aceptación incondicional, que te permitió reparar aspectos de tu vida, hoy eres alma, un alma lograda con el esfuerzo que marcó tu vida y que te convierte en presencia junto a otras de ese mundo intangible y desconocido, que me deja la tarea de reflexionar y filtrar el tema de la muerte.

Muchas personas hablan de que ese gran misterio las acompaña como una especie de hermandad. Personalmente y la verdad de frente, creo que no dialogo con ella, más bien tomo conciencia que me provoca el más grande de los escapes, porque siento que no alcanzamos a ser cuando ya no estamos.

María Teresa nuestra amiga en común "las tres mosqueteras" cuando te visitó por última vez, me confidenció que me querías mucho. Gracias mil, yo también puedo decirte con ternura y acogiéndote con mis brazos abiertos, que fuiste importante y querida para mi.

Al comienzo y frente a tu eventual partida me atemoricé, no te lo hice notar, pero, te confidencié en un coloquio, que para poder ayudarte espiritualmente tenía que contactar a la Divina Presencia. No sabía cómo hacerlo, así que decidí comunicarme con un estilo que me hiciera sentido para unirme a ti y ayudarte a trascender esa lacerante enfermedad que respeté sin nombrarla, mientras tú no lo hicieras.

Días previos a tu ausencia definitiva, cuando oré silenciosa y hondamente por ti, fue el momento en que realmente sentí que hacía puentes para que transitaras por el camino de la luz. Sé, que ahí estuve contigo.

El hermoso regalo que dejaste como herencia para mi, fue retornar al camino del Padre.

Hoy, ya no eres ese alto, hermoso y distinguido perfil humano que yo reconocía como especial porque eras mi amiga. Qué extraño, tu partida conmovió mi corazón por la nobleza de tus sentimientos y egoístamente por tu ausencia, pero ahora me siento desalentada, desencantada, y me pregunto ¿ Cuando las personas se han querido, la pérdida física se convierte en encuentro espiritual?

Pareciera ser que sí, de alguna forma alinea los sentimientos, porque en ocasiones retorna tu imagen a mi mente y percibo que el afecto prodigado me abraza. ¿Será porque me estás tocando con la energía de tu esencia? Ojalá siempre sienta ese llamado porque quiero pensar en ti para que no te pierdas en el ajetreo de mi vida.

Tantos períodos acompañados, tantas risas y algunos llantos, muchos encuentros y muy escasos desencuentros, conversaciones plenas de añoranzas y ese vibrante amasijo de cariño, atenciones y también soledades vividas en familia.

Por todo y quizás también por aquello que no logré entender, mi alma brinda por la altura de tu gentileza amorosa y deseo que la alegría rebalse ese corazón que presentí nostálgico, con dolores íntimos y con algunos espacios vacíos.

Amiga, desde este espacio terreno te digo con todo mi amor, que siempre siempre estarás en el corazón de mi espíritu.

Tu amiga,

Guisella